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Cuadros que hay que ver antes de morir

¿Alguien se acuerda de aquella bonita época en la que se viajaba para ver museos?

Ahora nos gustan cosas más sencillonas como los spas, ir de compras o hacer picnics en jardines alfombrados. Pero aún así el pasaporte de una vida no puede caducar sin tener los sellos de ciertas galerías y, sobre todo, de esta selección de cuadros. No son los mejores, pero sí los más especiales, los que merecen un viaje, una entrada y hasta una audioguía.

La Noche Estrellada, Van Gogh

La Noche Estrellada, Van Gogh

Cada obra de Van Gogh es un icono, un reclamo, una celebrity dentro del mundo del arte. Pero La noche estrellada tiene un magnetismo inexplicable, culpa de la fascinación que su autor genera en cualquier ser humano y de lo inteligible que es. Se llega a su sala en el MoMA, se observa, se parpadea, se vuelve a observar y se comprende. No hay nada más que una fascinación por la noche y un trazo atormentado. Así de elemental y mágico.

Baile en el Moulin de la Galette, Renoir

Baile en el Moulin de la Galette, Renoir

Acostumbrados a ver un Impresionismo centrado en la naturaleza, Renoir convenció a todos con sus escenas cotidianas como este baile cualquiera en el París más vulgar. Es cierto que el museo D’Orsay puede llegar a empachar con tanto cuadro delicado, pero aquí la candidez, la alegría y la rutina merecen una parada para abrazar su armonía de colores, formas y luces y sentirse un poco mejor, más feliz.

Las Meninas, Velázquez

Las Meninas, Velázquez

El hecho de que esta obra haya influenciado tanto en pintores posteriores es solo una muestra de su importancia y atractivo. Porque, por encima de todo, Las Meninas es un cuadro que tiene que ser descubierto poco a poco para acabar reverenciándolo son una sonrisa en la boca en su gran sala del Museo del Prado. Como una buena foto de una gran farra, está llena de anécdotas, de juegos visuales, de planos y reflejos. Y, sobre todo, aporta frescura y espontaneidad dentro de un género, el retrato real, plagado de posados rimbombantes.

Nighthawks, Hopper

Nighthawks, Hopper

No es una escena voyeur más. El adjetivo ‘realista’ se le queda cortísimo. Hay mucho más detrás de ese momento cualquier de un bar cualquier de Manhattan. Hay tensión, desasosiego, un ambiente desangelado. Hay falta de conversación, de amor, de odio, de cualquier rastro de humanidad en algo tan humano como un bar. Y el que lo ve en su cuarto del Instituto de Arte de Chicago solo puede sentir frío y hasta un terror psicológico que solo se anestesia con la huida.

Nympheas, Monet

Nympheas, Monet

Hay contabilizadas más de una veintena de cuadros sobre nenúfares pintados por Monet, así que cada vez hay menos excusas para perderse unos minutos en la apacible agua estancada y en sus flores. Quizás la mejor experiencia que se puede vivir ante este subgénero de Monet sea en la fundación Beyeler, donde el agua no se detiene en el cuadro, prosigue hasta el lago exterior mientras suenan de fondo unos compases de La Mer de Debussy. Luego toca la desintoxicación de Impresionismo.

El Grito, Munch

El Grito, Munch

Esta serie de cuatro cuadros, más o menos dispersados por diferentes museos y colecciones noruegas, democratizaron el Expresionismo y aportaron horas de reflexión y charla en los psicólogos. No es un cuadro impresionante, ni grande, ni realista, ni –por supuesto- bello. Es un sentimiento universal, el objetivo máximo de todo arte y que provoca que cada año miles de personas se pongan cara a cara con este personaje cadavérico y sientan cierta empatía, desasosiego y hasta comprensión.

La Libertad guiando al pueblo, Delacroix

La Libertad guiando al pueblo, Delacroix

Esta obra de Delacroix es mucho más que el símbolo de una Francia revolucionaria. Es la representación del valor, de la valentía y hasta del erotismo del liderazgo. Esa mujer, esa alegoría de la libertad con pechos descubiertos haciendo que renazcan las fuerzas, que se venza a la fatiga y se superen los miedos a la que no hay manera de decirle que no. Puro Romanticismo airado. Puro dopaje ante el inmovilismo.

El Nacimiento de Venus, Botticelli

El Nacimiento de Venus, Botticelli

Una de las joyitas de la Galería de los Uffizi es esta aproximación casta al desnudo femenino que hizo en su día Botticelli. Gustó, gusta y gustará por la cantidad de información que alberga, por ser un paso más en la evolución de la pintura a finales del Quattrocento y por las veces que se ha imitado su composición y sus gestitos. Encontrárselo de frente tiene un puntito fan, un “hombre, cuánto tiempo sin vernos, no has cambiado nada” muy suculento.

Los fusilamientos del 3 de Mayo, Goya

Los fusilamientos del 3 de Mayo, Goya

Señoras y señores, con todos ustedes… la dignidad. Porque este cuadro es de lo que va, de cómo ser un héroe hasta el último segundo, de cómo la carne es putrefacta pero el alma es incorruptible. De cómo no hay cara en los verdugos porque éstos no la merecen. Es imposible no cruzarse con la mirada de este madrileño anónimo y sentir una mezcla de rabia y respeto. ¡Sí señor, compostura hasta el final!

La Gioconda, Leonardo da Vinci

La Gioconda, Leonardo da Vinci

Hay que verla para increparla, para pensar que está sobrevalorada, para odiar la maraña de fotógrafos de pacotilla que buscan su instantánea de gloria, para caer en que es un hombre, para imitar su sonrisa y para concluir que Leonardo da Vinci tiene obras muchísimo mejores, pero a ésta le sentó mejor el marketing.

Las tres gracias, Rubens

Las tres gracias, Rubens

¿Que no te crees que antes la carne, la chicha, el michelín, el faneguismo era el súmmum de la belleza? Pues aquí tienes a Rubens para demostrárteloLas tres gracias es una de las obras más sensuales de todos los tiempos aunque rompa con los modelos actuales de belleza. El rollo mitológico solo fue una excusa para que Rubens desnudara sus instintos y pusiera en valor el desnudo femenino en el arte. A día de hoy no sorprende como antaño, aunque más de uno se ruboriza al ver sus 221 centímetros de alto colgando en el Prado.

El Guernica, Picasso

El Guernica, Picasso

¿Puede un bombardeo ser el motivo de una obra de arte? ¿Acaso el objetivo del arte no es alcanzar la belleza? O… ¿hay belleza en el espanto? Y así cientos, miles de preguntas que sugiere este gigantesco óleo sobre lienzo de Picasso. Pasar por Madrid y obviar esta obra de arte es un delito. Sobre todo porque pocos cuadros están mejor expuestos, más contextualizados y explicados que éste en el Reina Sofía. Y quizás, solo quizás, porque a veces conviene recordar esa flor escondida entre tanto llanto.

El jardín de las delicias, El Bosco

El jardín de las delicias, El Bosco

Hay gente (entre los que yo me encuentro) que va a echar una tarde al Prado para descubrir cosas nuevas en este cuadro. Digamos que es el vencedor en el prime time de la televisión del Siglo XVI, un pasatiempo más, divertido y perturbador. Porque pasar de la alegría y lo fantástico que es todo en el paraíso a ese infierno tan surrealista (¡cuatro siglos antes!) lleno de escenas tan tróspidas y desagradables requiere horas y conversación con el de al lado. Porque estamos ante uno de esos cuadros que se tienen que comentar, nada de introspectiva ni solemnidad.

El Gran Masturbador, Dalí

El Gran Masturbador, Dalí

Este cuadro tiene que tener alguna explicación por algún lado, pero hasta que se encuentra, el rato que se comparte con otros visitantes anónimos en el Reina es tan confuso, tan ecuménico, tan conversador, tan triplista que genera una atmósfera incomparable. Para el que no conoce demasiado a Dalí es un choque violento con su submundo. Para el que lo conoce, el enésimo desafío para descifrar su simbolismo.

La escuela de Atenas, Rafael Sanzio

La escuela de Atenas, Rafael Sanzio

Pues resulta que la portada del libro de Filosofía es un cuadro de verdad. Y está en los museos Vaticanos, en Roma. Así que ese pasatiempo que consistía en saber quién era quién dentro del cuadro se puede hacer con el original, en un tamaño mucho más grande y con ese contacto directo con la Historia que puede consternar al más sensible.

El caminante sobre el mar de nubes, Friedrich

El caminante sobre el mar de nubes, Friedrich

El paisaje romántico por excelencia muestra a un ser humano frágil ante la naturaleza, desorientado ante su poder y grandeza. Al mirar frente a frente estas cumbres es inevitable ponerse en la piel de su protagonista y hasta sentir la brisa de los Alpes encerrados en la Kunsthalle de Hamburgo.

Las dos Fridas Frida Kahlo

Las dos Fridas Frida Kahlo

En el lienzo, una misma mujer, pero desdoblada. Frida Kahlo expresa otra vez, en un autorretrato, una página más de su vida, una pieza bibliográfica donde no falta el dolor y la doble moral de una mujer que poco a poco se iba asilvestrando. Por un lado, la europeidad, por el otro, las tradiciones de México. Dialéctica compleja entre sus compatriotas allá por los años 30 que ella explica desdoblándose pero siempre compartiendo sangre, raíces, alma. Una excusa para pasarse horas en el museo de arte moderno de México mientras se descifra todo el simbolismo de su obra.

Los jugadores de cartas, Cézanne

Los jugadores de cartas, Cézanne

La quinta versión de este motivo (y también la más famosa) daría una especie de pistoletazo de salida a una nueva forma de componer los cuadros, de jugar con las formas y limitar los colores.“Ding-dong, las vanguardias ya están aquí”, viene a decir, aunque puede que cueste entender la importancia de esta obra o no resulte tan chocante a los ojos actuales en el pleno bullicio del D’Orsay.

El Beso, Klimt

El Beso, Klimt

Hay que pasear hasta la galería Belvedere de Viena para contemplar in situ ese cuadro, icono moderno-pasteloso que muchas/os aspirantes a Amélie tienen en su cuarto o estampado en cualquier complemento. Y hay que hacerlo porque aquí gana textura, contexto y realidad. Vamos, como conocer a un famoso del papel cuché, pero en versión fan del arte.

Latas de sopa Campbell, Warhol

Latas de sopa Campbell, Warhol

Que sí, que es solo el retrato hiperrealista de un objeto cotidiano pero ¡tachán! Ahí estás tú, mirándolo como a una sueca en topless colgado de las cotizadas paredes del MoMA. ESA, amigo mío, es su gracia. No es más que una lata, pero es puro arte, demostrando que no manda lo que se pinta, sino lo que esto provoca al público.

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